¡Oye Villar… mi aflicción!

Recuerdo cuando en 2006 un grupo de personas significativo y tras la recogida de firmas se opuso al traslado de la fuente monumental de la plaza que lleva ese nombre a otra plaza en los exteriores del pueblo, aduciendo –entre otras cosas- que esa fuente estaba ahí “de toda la vida”; claro está que se referían a su propia vida, desde el punto de vista histórico un periodo relativamente corto pues la existencia de esa fuente es menor a un siglo. Alguna vez he comentado en público, poniendo ese ejemplo, cómo es posible que nadie haya movido un dedo y dudo hasta que muchos lo hayan pensado y otros tantos no lo sepan siquiera, que las dos fuentes (mineromedicinales) históricas y emblema­ticas de nuestra villa estén muertas ya va para cuatro años. “La mejor agua del mundo, la de fuente Raimundo”, rezaba un eslogan de los años 60, cuando venían de fuera con furgonetas a llenar grandes garrafas para luego venderla por los pueblos de la huerta valenciana; la fuente en que se inspiraron Antonio Lanzuela y Vicente Llatas mientras bebían la rica agua que sanaba el riñón para escribir La rosa del Molino, la fuente de cenas nocturnas en verano con mis padres y hermanos… Ahora seca.

No quiero plantear diatribas anti-mineras y quiero dejar claro que SÍ, ESTOY A FAVOR DE LA MINERÍA. Pero la fuente de Raimundo se ha secado porque sus aguas afloran ahora al nivel inferior de la mina que hay hacia el norte ya en pleno acuífero, al haber alcanzado con las exca­vaciones el nivel freático de una fuente que ha llevado -desde el siglo XIV- el nombre del arzobispo de Valencia D. Raimundo Gastón que otorgó la carta-puebla de El Villar de Benaduf en 1323. Supongo que ésta si es una fuente de TODA LA VIDA ¡Qué son sino 53 años de antigüedad comparados con los casi setecientos de ésta y otra fuente que está aguas abajo de la misma rambla Castellarda sobre la que se alza.

Hablemos ahora de la fuente de Cabiscol… ¡Oye Villar, mi aflic­ción! Cuando en 2006 se acometió, a instancias del Ayuntamiento y con presupuesto de la Confederación Hidrográfica del Júcar, la ardua tarea de retirar del tramo comprendido entre ambas fuentes (la idea era realizar un sendero local “Raimundo-Cabiscol”, reducto de la poca “na­tu­rale­za” o vegetación que nuestro término posee) los vertidos de la llamada “borra” (materiales inertes no válidos para la industria) que des­pués de colmatar gigantescas escombreras van a parar por escorrentía tras las lluvias a la rambla; aunque sólo se actuó en dos puntos: en el primero, puente de las Cuevas, se extrajeron alrededor de 12.000 toneladas y en el segundo, precisamente en la fuente de Cabiscol, donde se llegó hasta el fondo del cauce de los años 70 cuando los jubilados de la UDP-Villar construyeron el pequeño pontón para salvar las aguas de la rambla, se extrajeron unas 13.000 toneladas; también se limpió la fuente y se dejó el grifo abierto durante un mes para descontaminar el acuífero. Paradójicamente, la propia Conselleria de Medio Ambiente (la CHJ es un organismo dependiente del Ministerio de Medio Ambiente) no permitió entonces devolver a la mina de donde provenían los inertes por considerarlos “vertido”… y gracias a un agricultor que prestó al Ayunta­miento un campo inculto para depositar las borras no nos vimos abocados a cometer un DELITO MEDIOAMBIENTAL.

Sé que este hecho puede producir cierta hilaridad, pero todavía lo es aún más a día de hoy, pues la propia CHJ citada no considera ahora “verti­dos” los inertes que se han depositado en la rambla en los últimos diez años, producto de la espectacular excavación minera a cielo abierto que se impone junto al cauce de la rambla secular aguas arriba. Actual­mente en el puente de las Cuevas la cota llega ya a los dos metros de al­tu­ra por encima de la cota que se excavó en la fecha antedicha;  vemos cómo han desaparecido los huertos y cómo los árboles de ribera: olmos, álamos blancos y cho­pos van cayendo desgajados tras haber sido cega­das sus raíces e impo­sibilitadas de ab­­sorber el agua, como consecuencia de la impermea­bili­dad de los inertes vertidos. Y lo ve­mos… y lo seguimos viendo y nada decimos. ¿Es que no nos importa? Como colectivo, me refiero. Como pueblo… No nos importa que des­apa­rezcan nuestras señas de identidad.

La fuente, en el comienzo de la retirada de inertes y tras la limpieza total en 2006

Aún es tiempo de poder revertir los destrozos realizados, si no en su totalidad sí en parte y transmitir a nuestros hijos un paisaje más cercano al que conocieron sus abuelos. No creo que sea necesario (aunque si lo es, ya veremos) empezar a recoger firmas o a salir a la calle con una pancarta que diga: “Salvemos el Castellar que es enseña del Villar”. Protejamos, ahora que estamos a tiempo el deteriorado patrimonio que aún nos queda, si no queremos ver algún día La Yesa desde aquí.

Cuánta razón tenía nuestro querido D. Vicente Llatas cuando decía: “Es el villarense, en general, trabajador, divertido, religioso, ama­ble y hospitalario con el forastero, pegado a lo antiguo, pacífico, poco expresivo, aficionado a la caza, a los cohetes, al juego y a viajar. Poco amigo del ahorro y apático para asistir a reuniones donde se discuten asuntos de interés general para la población…” (A.V.Ll.B., Sig. Doc. 450.20.). Curiosamente, nuestro insigne paisano también nos trató de enseñar a través de una leyenda, el espíritu colectivo de nuestras gentes cuando la ocasión lo requiere. Recordáis aquello de “¡Todos a una, como en la carrasca Mosen”… No, me parece que no, pues ya la habéis olvida­do.

César Salvo

Cronista de la Villa

La Parroquia inaugura las dos salas inferiores del Palacio Prelacial con una exposición de la Sábana Santa.

Tras más de tres meses de trabajos se han rehabilitado las dos salas nobles de la planta inferior del edificio, con el objetivo de darles un uso: la primera será dedicada a exposiciones, recepciones y charlas, mientras que la segunda será destinada a almacén de andas. Como ya informamos una nota en el mes de enero, al comienzo de las obras de acondicionamiento se descubrió –encastrada en un muro- una lápida funeraria con la inscripción sobre VICTORINA CRISOPOLIS, que se había dado como desaparecida desde 1902, cuando más de la mitad de la superficie del Palacio pasa a ser Hospicio de Ntra. Sra. de la Paz. Asimismo, ha quedado a la vista el magnífico arco gótico del portón palacial donde podemos observar la bella cantería del gozne superior de la puerta.

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Es, no obstante, la rehabilitación de ambas salas lo que nos merece especial atención, dada la delicadeza y buen hacer en la decoración llevada a cabo por nuestro querido párroco D. Fernando Carrasco que ha contado con la inestimable ayuda de nuestra paisana Concepción Silvestre. Así los vanos de puertas y ventanas, los muros y sobre todo el techo de la Sala de visitantes se han decorado con unos dibujos dieciochescos imitando la técnica del esgrafiado de esa época, con motivos florales y aves exóticas que enmarcan nueve medallones donde se pintarán los escudos de nueve arzobispos de la Mitra Valentina que por derecho fueron Señores de El Villar y que se significaron en la Historia de nuestro pueblo.

Renombran en Chelva una calle dedicada a La Fénix Troyana.

En presencia de un nutrido grupo de vecinos y con la intervención del Alcalde de Chelva Robert Rubio y del Presidente de la revista La Fénix Troyana, tuvo lugar el pasado 26 de marzo el renombramiento de la denominada calle del Parque como calle de La Fénix Troyana, en homenaje al centenario de esta revista decana en la Comunidad Valenciana.

La artista Araceli Cacho expone su obra en la Sala Pintor Rafael Calduch.

El pasado sábado se inauguró en la Sala de Exposiciones Pintor Rafael Calduch la exposición de la obra plástica de la artista Araceli Cacho. Se trata de una docena de obras pictóricas que van desde el acrílico sobre lienzo a las texturas de la pasta de papel pigmentada alrededor de un variado cromatismo a través de la abstracción. Cuenta además con una pieza escultórica en barro cocido muy sugerente que se sitúa en el centro de la sala. La exposición que contó con casi cien personas en la tarde del sábado, estará abierta hasta el 24 de abril.

Prosiguen a buen ritmo las excavaciones en el poblado de la Edad de Bronce de Puntal de Cambra.

Después de tres meses de trabajos llevados a cabo por el alumnado del Taller de Empleo y bajo la dirección del arqueólogo Juan José Ruiz, el yacimiento arqueológico excavado en 1948 y 1952 es de nuevo visible tras las labores de limpieza de matorral y pinos y el desescombramiento pertinente que han sacado a la luz dos habitaciones más del poblado situadas junto a la muralla. Además, fruto de las labores de excavación, se han obtenido diversos fragmentos de cerámica con mamellones y varios molinos barquiformes.

El Ayuntamiento publica el libro Legado de los Hermanos Martínez Guerricabeitia, escrito por Marina Requeni Martínez y Pablo López Muñoz.

El domingo 6 de marzo tuvo lugar en el Salón de Actos del Ayuntamiento la presen­tación de la última publicación en el devenir editorial del Ayuntamiento. En este oca­sión se trata de un libro del que son autores dos jóvenes villarencos: los estu­diantes de 4º de ESO en el I.E.S.-La Serranía, Pablo López Muñoz y Marina Requeni Martínez.  Como ya se informó en su momento, estos estudiantes presentaron al Concurso europeo Eustory 2015 –con la tutorización de su profesor de Historia, Miquel Navarré- un trabajo titulado El mecenazgo artístico y la edición como instrumentos de la memoria histórica en el Viejo y el Nuevo Mundo. Legado de los hermanos Martínez Guerricabeitia, que fue distinguido con el Segundo Premio. Dicho premio fue recogido en Ronda (Málaga) el 4 de octubre del pasado año, acompañados de su padres y hermanos y del Alcalde de Villar del Arzobispo, José Vidal Balaguer Aparicio.

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PORTADA DEL LIBRO

presenta libro 1

JUAN PALOMAR (CONCEJAL DE CULTURA)), MARINA REQUENI MARTÍNEZ, MIQUEL NAVARRÉ SANCHO (PROFESOR DE HISTORIA), PABLO LÓPEZ MUÑOZ Y JOSÉ PEDRO MARTÍNEZ GARCÍA (HIJO DE JESÚS AMOR Y DIRECTOR DEL PATRONATO MARTÍNEZ GUERRICABEITIA)

Este trabajo ve la luz en forma de libro bajo la edición de César Salvo, porque el Equipo de gobierno entiende que su contenido recoge la existencia y aportación a la sociedad de dos hermanos villarencos de preclara significación en la vida cultural del siglo XX y parte del XXI. El más mayor, José Martínez Guerricabeitia, fue fundador –junto a N. Sánchez Albornoz- de la Editorial Ruedo Ibérico que desde París difundió con sus libros una cultura antifranquista y de contestación al régimen dictatorial en la España de posguerra. El menor de los hermanos, Jesús Amor Martínez Guerricabeitia, desarrolló durante toda su etapa empresarial en Colombia y las Islas Vírgenes un afán de saber que se tradujo en una biblioteca personal de más de 10.000 volúmenes y posteriormente un periodo muy prolífico de coleccionista de arte social DE LSO 70 Y 80 comprometido con la realidad de finales del franquismo, que desembocó después en un claro y rotundo mecenazgo con la creación –junto a su mujer Carmen García Merchante- del Patronato Martínez Guerricabeitia que custodia la Universidad de Valencia y una Bienal Martínez Guerricabeitia que va por la 13ª edición.